Carne de mi carne

Historias de vida - Carne de mi carne

Un padre nunca debería superar en vida a sus hijos. Es el dolor del desgarramiento del cuerpo. Ver morir a un hijo es morir en vida. El diagnóstico de cáncer en algunos casos, como el nuestro, es una sentencia a muerte. Mi hija, mi niña, recién graduada de la universidad con un futuro por delante, el cáncer truncó sus posibilidades, truncó su vida. El cáncer llega sin aviso, llegó como ladrón de vidas, escurriéndose y atrapando a lo que más quería. Dios, ¿por qué ella?, llévame a mí, deja que la muerte recaiga sobre mi cuerpo, libérala de este trago amargo que no le corresponde, apenas está empezando su vida… Que impotencia no ser escuchado, la rabia invade toda mi existencia. Me cuestiono la religión y su Dios. Nadie la va a salvar de esta enfermedad… Me sorprende la tranquilidad de mi hija, parece que el que muere soy yo, el que no acepta esta situación soy yo. Veo cada vez como se consume mi niña, como su cáncer se la come poco a poco, y yo sin poder hacer nada. Siento impotencia, me duele todo mi cuerpo, mi vida se me va con ella. No sé qué hacer… Todos en mi hogar, mi esposa y mis otros hijos no entienden lo que pasa, ya no hablamos, vivimos una vida prestada y sin propósito. Quiero morir con ella, pero sé que no puedo, tengo a mi esposa y mis otros hijos por sacar adelante, debo ser fuerte, pero no sé como hallar esta fuerza dentro de mí. Todo el mundo parece saber que hacer, todo el mundo tiene la receta mágica de que todo va a estar bien… Los detesto a todos. ¿Acaso han vivido la muerte de alguno de sus hijos?, hipócritas… Solo quiero aislarme del mundo para no oír estas estupideces… Ya no hablo con la gente, ya no me encuentro con mis amigos ni familiares. Prefiero vivir esto en soledad…

Ya no está mi niña, se me escurrió su vida entre mis manos, ya no está mi niña… Cuanto la extraño. Este duelo me consume, me carcome. Pero al final del camino encontré una luz… Alguien que me pudiera escuchar sin juicio alguno, alguien que me acompañó a enfrentar la oscuridad del duelo, la oscuridad en la que estoy al no tener la luz de mi vida, mi niña… Entendí que solo yo puedo salvarme a mí mismo, igual como lo hizo mi hija en su proceso de muerte… Se entregó a la experiencia de la muerte de forma consciente, y es lo que debo hacer ahora, más que por ella, lo debo hacer por mí. Es increíble darme cuenta como el dolor que porto es el resultado de mi comprensión de dicha experiencia de pérdida. Todos vamos a morir y mi hija murió consciente. La pregunta es ¿cómo voy a vivir yo? Quiero hacerlo de forma consciente. Rehacer mi corporalidad, darme cuenta de que ella vive en mí todavía… la recuerdo y la entrego al vacío de la existencia, a ese misterio que es la trascendencia del cuerpo. La entrego al misterio, misterio que no tiene explicación o razón. En algún momento nos encontraremos, pero por ahora, mi camino es aquí, en este mundo de la carne. Mi carne porta su carne… Carne de mi carne.

Consultoría narrativa del cuerpo vivido

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