Espejo

Historias de vida - Espejo

Le presto atención a las cosas y pienso demasiado. Me da sensación de hormigas en la cabeza y pesadez en el pecho, algo aprieta, me quita la capacidad de poder respirar, ese algo es amorfo, color gris-verdoso y con cara del estricto de mi papá.

El pecho late y duele al escuchar que las cosas se hacen como él dice y aumenta el hormigueo de mi cabeza y pregunto, ¿por qué es así?, en voz muda porque no es opción cuestionarlo desde que tengo uso de razón, hoy a mis 46 años, menos, que se ha vuelto más testarudo, exigente y ha perdido significativamente la audición. Quise pensar que era la ausencia física de mamá, aunque en vida, mientras más positiva y bromista fue ella, él respondía más amargado, ofensivo y neurótico. Sigue siendo alto, delgado y color grisáceo desde mi adolescencia. Extraño a mi mamá, tan cariñosa y sonriente, creía que -cada día trae su afán y es para algo mejor-. Perdí esa confianza día a día desde hace 23 años al verla deteriorada por un cáncer de seno que le brotó los ojos, sumió las mejillas, tensó la boca dejando los dientes siempre a la vista y la talló en su propio esqueleto en burla a todos. Estoy confrontado. En un par de meses voy a tener un hijo… es un niño. Me hace ser -compasivo-, con la paternidad, no sé si es la descripción apropiada. Tengo un eco lloroso de la mamá de mi hijo, gritando con ambas manos junto a la boca como un -megáfono- diciendo: que no la tengo en cuenta y que las cosas se deben hacer a mi manera. No deseo que críe sola al niño, pero no puedo estar con ella, me siento atrapado, con la sensación de pesadez en el pecho. Tiene todo mi apoyo y más porque quedó desempleada. Todos los asuntos económicos los asumo y actualmente no me está yendo tan bien en el trabajo, además me agobia una deuda que tengo en la empresa junto con lo estancado que veo mi puesto.

Mi situación ideal es estar en vacaciones, ser libre, pero ya estoy metiéndome en otra relación y ando ahogado de presupuesto. No quiero ser igual que mi papá con mi hijo, tampoco quiero actuar llevado de mi parecer, con insensatez, ni trazar la ruta hacia esa conducta neurótica; en terapia he podido verlo dentro de la maraña del hormiguero de mi cabeza. Empecé terapia para ordenar los pensamientos y actuar consecuente a la responsabilidad que ahora me compete y compromete. Mi papá cumplió con llevar el dinero a casa, pagar todo, eligió aislarse aun estando con nosotros, no tuve hermanos y pienso en que no quiero más hijos, tengo ya cita para la vasectomía. Soy mucho de él. He podido ir despejando la sorda pensadera que es una paradoja por lo ruidosa que resulta. La pesadez se ha desvanecido. Quedan menos obreras, hormigas, en la cabeza. Con cada sesión planteo acciones analizadas, reflexionadas y las voy llevando a cabo. Uso la razón y trato de aplicarla con atención, reconociendo mucho de lo heredado que voy reivindicando, transformando cada crítica de mí mismo, el agobio del espejo que me refleja hasta ahora.  

Consultoría narrativa del cuerpo vivido

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